domingo, 9 de diciembre de 2007

Área de los Pirineos (I)


Seguro que muchos de vosotros conocéis la escultura que se encuentra en la cima del Tourmalet que precisamente se llama "El gigante del Tourmalet".

Esta escultura forma parte de la obra “La Grande Boucle” que está erigida en el Área de Servicio “Les Pyrénées”, en el km 129 de la autopista Bayona Toulouse, cerca de Pau.
Esta gran obra de arte pesa está hecha de 30 toneladas de acero, 18 metros de altura y 30 de largo, consta de ocho figuras de ciclistas, y pretende ser un homenaje al paso del Tour de Francia por los Pirineos y a los héroes que han escrito su leyenda. A su alrededor hay una serie de murales que van mostrando diversas hazañas de los ciclistas del Tour en esta cordillera.
La escultura “El Gigante del Tourmalet” (la que se encuentra en la cima del puerto) es la novena figura de ciclista que complementa esta bella obra de arte cuyo autor es el francés Jean-Bernard Métais.
La traducción del texto íntegro de la placa que hay en la cima del Tourmalet junto a la escultura dice: “El Gigante del Tourmalet. 9º personaje de la obra monumental ‘La Grande Boucle’ realizada por el escultor Jean-Bernard Métais, en el Área de los Pirineos (A 64). Esta escultura conmemora el primer paso del Tour de Francia por el Col del Tourmalet en 1910. Con el Tourmalet (2 115 m), el Tour entró en una nueva era: ‘la Alta Montaña’ donde se han escrito las más gloriosas páginas de su historia. El 21 de julio de 1910, Octave Lapize fue el primer corredor del Tour de Francia en franquear el Col del Tourmalet. Él gana la etapa Luchón Bayona (326 km) en 14h 10m. El Gigante del Tourmalet es el homenaje de los Altos Pirineos a los Gigantes de la Ruta, para que viva la leyenda del Tour de Francia.”

A continuación os subo una traducción (no muy exacta) de las explicaciones que se dan en los paneles que rodean la escultura en la autopista.


El Tour de Francia en los Pirineos
de Jean-Bernard Métais
(Inaugurada el 11 de junio de 1996)

El Tour de Francia en los Pirineos en 12 etapas
El Tour de Francia ha dado a conocer los paisajes de la cordillera en el mundo entero. Desde 1910, la ascensión de los puertos por parte de los campeones internacionales del ciclismo provoca una emoción siempre nueva.
Así nació la leyenda ciclista de los Pirineos.
Esta leyenda se evoca a través de algunas etapas alrededor de una escultura monumental que se hace eco del vasto panorama montañoso que se aprecia a lo lejos. La obra fija en el espacio los momentos más intensos de la prueba.

Adelante los Pirineos
La montaña no ha estado siempre en el programa del Tour de Francia. Cuando nació, en 1903, la carrera unió seis grandes ciudades del país por etapas largas y duras. Con tres tubulares de recambio enrollados a la espalda, los ciclistas partían en plena noche por caminos de tierra en bicicletas que pesaban cerca de veinte kilogramos.

Esta gran competición, organizada por Henry Desgrange, dueño del periódico “l’Auto”, resultó un éxito inmediato. Una gran muchedumbre vio el triunfo de Maurice Garin, primer vencedor del Tour.
Sin embargo se habla de una “carrera con trucos”. Esparcidos por el territorio y al abrigo de las miradas, algunos corredores hicieron discretamente parte de la ruta en tren. Pero Desgranges controló la situación. Año tras año el director del Tour, y más tarde sus sucesores, en especial Jacques Goddet, hicieron evolucionar la fórmula. Su objetivo: hacer reinar el orden y asegurar el éxito.

Se piensa en el Tourmalet
En 1910 los organizadores sientan las bases de la fórmula. Los ciclistas parecen estar habituados, desde 1905, a la pequeña montaña de los Vosgos. Se inventan nuevos obstáculos y se sobrepasan los límites de lo posible.
Alphonse Steinès, colaborador de Desgrange, sugiere hacer pasar la carrera por los Pirineos.
Enviado para explorar, el periodista llega una tarde al pie del Tourmalet. A media ascensión, su vehículo se bloquea en la nieve, pero Steinès decide terminar la subida a pie. Hace oídos sordos a los ruegos de su chofer y se adentra solo en la oscuridad.
Pasan las horas.
A media noche se da la alerta y los rescatadores salen a la ruta. Hacia las tres de la mañana, el imprudente reaparece, tras haber luchado diez kilómetros en la nieve.
Al día siguiente telegrafía a su jefe: “Toumalet pasado. Stop. Perfectamente practicable.”
Una vez anunciado al público, el proyecto es fuertemente criticado. El itinerario propuesto por la organización une Luchon y Bayona, escalando en 326 km de caminos de carros cuatro altos puertos: el Peyresourde, el Aspin, el Tourmalet y el Aubisque.
La inquietud es aún mayor puesto que Tourmalet significa “mal Tour”.
El camino del Aubisque, considerado impracticable, se pone en duda.

El primer paso por los puertos
Sin hacer caso a las críticas, los organizadores dan la salida en Luchon el 21 de julio de 1910 a las tres y media de la mañana. Los constructores han dotado a las bicis de frenos especiales. Es ahora a los ciclistas a los que toca superar el desafío.
La batalla va a durar más de dieciséis horas. En los puertos que descubren, la mayor parte de los participantes echan pie a tierra, y sólo Gustave Garrigou asciende el Tourmalet sobre la bici (él recibirá por ello una prima especial de 100 FF). Octave Lapize revela sus excepcionales cualidades de escalador. Seguido por François Faber, él corona los tres primero puertos en cabeza.
El suspense se mantiene y los organizadores a final del día se apostan a mitad del Aubisque. No ven llegar a nadie, y empiezan a pensar en un abandono general.
Al cabo de una hora aparece un joven corredor: François Lafourcade, que acaba de doblar a todos los favoritos. Cerca del desfallecimiento, franquea penosamente la cima del puerto. Quince minutos después llega Lapize. Camina al lado de su bici y grita a los organizadores: “Son Uds. unos asesinos”.
En el descenso atrapa finalmente a Lafourcade y llega primero a Bayona bajo las aclamaciones de la multitud. Los últimos participantes de esta etapa histórica llegarán muy tarde, por la noche, a bordo del coche-escoba.

Momentos intensos en los Pirineos
Con los puertos pirenaicos, el Tour de Francia encontró una dimensión prestigiosa. Los recuerdos se acumulan y surgen en torno de cada curva de la montaña.

La horquilla rota de Christophe
En 1913, Eugène Christophe va segundo en el Tourmalet cuando, de pronto, su horquilla se rompe. ¿Qué hacer? No hay bicis de recambio en esa época. Christophe se obstina y, máquina al hombro, recorre catorce kilómetros hasta el pueblo de Sainte-Marie-de-Campan. Allí, se instala en una forja. Durante todo el rato que dura la reparación es supervisado por los puntillosos comisarios: el reglamento prohíbe cualquier ayuda externa. Cuando por fin termina, Christophe ha perdido cuatro horas. Esta desventura permitirá al corredor, a pesar de no ganar el Tour, entrar en la leyenda. Hoy día hay una placa conmemorativa en el lugar donde estaba esa desaparecida forja.

En 1934, en el descenso del Portet d’Aspet, Antonin Magne, líder de su equipo, rompe su rueda. René Vietto desanda su camino y le cede su bicicleta, renunciando así a sus opciones de victoria.

La caída de Ocaña en el Col de Mente
En 1971, en los Pirineos Luis Ocaña acababa de hacerse con el maillot amarillo, en detrimento de Eddy Merckx, para sorpresa general. En el Col de Mente los dos campeones marchan codo con codo. En el descenso estalla una violenta tormenta. Los frenos apenas funcionan. Merckx se lanza a toda velocidad en un descenso vertiginoso. Ocaña le sigue. En una curva Mercks logra a duras penas evitar una caída. Dos espectadores se arriman y Ocaña no puede esquivarles. Él cae y en el momento que va a levantarse un corredor que viene impacta contra él, y luego otros que no pueden frenar. Ocaña es trasladado al Hospital medio inconsciente. Al día siguiente Merckx renuncia a llevar el maillot amarillo: “este honor debe recaer en Ocaña”.
En 1970 Bernard Thévenet revela sus dotes de escalador al batirse con Merckx en el Tourmalet.
En 1995, en el descenso del Portet d’Aspet, Fabio Casartelli es víctima de una caída de la que no se levantará jamás. Para rendirle homenaje, los corredores efectúan toda la siguiente etapa en pelotón y los seis hombres de su equipo pasan en cabeza la línea de meta en Pau con unos metros de adelanto sobre el pelotón.